" Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que estén.”. Así hablaba Don Quijote y en eso pienso mientras paseo por estas calles, que reflejan el ambiente barcelonés un sábado 23 de abril. Cientos de
caballeros y
princesas pasean por las Ramblas y sus alrededores, arriba y abajo, demostrando que ellos, en Sant Jordi, tienen alguien que les ama. Pero no todo es reflejo de la parte positiva de la leyenda: también hay dragones que, con cara de mal humor, se desplazan entre la marea de gente con empujones, codazos y pisotones. Libros. Rosas. ¡Acción!
De las miles y miles de paradas de libros de diferentes temáticas – terrorismo, política, literatura clásica…- destacaría uno que, bajo mi punto de vista, rozaba la peculiaridad. Vestidos con chalecos reflectantes, armados con bolsas de basura y sin parar de moverse, un grupo de jóvenes gritaban por megáfono: “¡
Basura!, ¡
Basura!”. Promocionaban un libro con ese nombre –no demasiado atrayente- que consistía en una recopilación de e-mails en cadena de los últimos seis años. “Hay fotos de todo tipo y se meten con todo el mundo: con Aznar, con Bush…”, declaró Marta, una de las chicas de este stand, mientras nos mostraba, hojeando, el contenido del libro. El objetivo del curioso libro es sacar hierro a los momentos más conflictivos de estos últimos años para poder tratarlos desde otro punto de vista, además de sacar unas risas. Unas personas observaban, otras miraban con cara de asco. Roser, una mujer de unos 45 años, comentó entre risas: “Por lo menos son los más divertidos, el resto son unos muermos”. Ella, como muchas de las personas que por allí paseaban, había comprado algunos libros: la versión en castellano moderno del Quijote y una biografía de la actriz
Ava Gardner. “Ya tenía el Quijote en castellano antiguo –admitió- pero he querido comprarlo en castellano moderno”.
Y a pocos pasos, nos encontrábamos frente a las carpas de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), del Partit Socialista de Catalunya (PSC) y de Iniciativa per Catalunya i els Verds (IC-V). Josep Lluís
Carod-Rovira, dirigente de ERC, presentaba su libro La nova Catalunya y escrito en su stand aparecía el eslogan “Nosotros pagamos, nosotros decidimos”.
Yo tuve la impresión, por momentos, de que las tradicionales rosas se habían desintegrado. Pero no, la gran concentración de estos puestos se situaba en Plaza Catalunya. ¡Qué bonita variedad! Nos acercamos a una de estas paradas donde, además de las típicas rosas, vendían
piruletas que simulaban la forma de la flor. Soledad, la propietaria de este stand, nos explicó que Jimmy Jump, famoso por sus saltos al campo del Barça, había tenido una disputa esa misma mañana con una portuguesa. “Le ha amenazado la mujer con que traería portugueses y él ha dicho que llamaría a los Boixos Nois”, nos aseguró. La disputa se inició cuando la mujer portuguesa realizó comentario sobre el tan polémico futbolista Luis Figo.
Extranjeros vendiendo rosas, tiendas de té con exclusivos productos, panaderías con
pan de Sant Jordi, donuts en forma de rosa, globos de ERC y del PSC en manos de japoneses y niños y rosas de diferentes colores, adornaban, este día, las calles y locales. Tantos y tantos tenderetes de rosas y tan solo una de cada diez
princesas llevaba una flor en su mano. Pensé que el amor había empezado a desaparecer.
Y Salim me lo confirmó. Él estaba justo en el centro de la gran plaza subterránea del metro de Plaza Catalunya, por la cual cientos de personas cruzan para venir de sus casas o regresar a ellas, vendiendo rosas. “Pasa mucha gente pero, no sé por qué, no me compran”, respondió.
Quizás, la preocupación máxima era asistir a la manifestación de carácter nacionalista-catalán, a la que fui invitada por la señora María, que se celebraba, aproximadamente, a las 6 de la tarde y que salía de Plaza Universitat y finalizaba en la Plaza Sant Jaume. Quizás, la gente estaba más interesada en la literatura y en los famosos personajes que
firmaban libros, que en la esencia de la leyenda de Sant Jordi, que en las rosas, que en las piruletas. Quizás, los conciertos que ofrecían
COM Radio y
Radio Nacional de España eran los que llenaban estas calles. Quizás el día de Sant Jordi sea tan solo una excusa más para consumir. Y yo, creyéndome Don Quijote, dejo el idealismo apartado y empiezo a recuperar la cordura. Porque no son locos los que aman y ofrecen, sino los que necesitan un 23 de abril para amar y compartir.